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El cambio climático dificulta a la abeja encontrar una entrada de néctar y de polen, renovar la población para pasar el invierno y tener una buena arrancada primaveral.

Cada vez es más preciso estar alerta a las carencias nutricionales de la abeja y el impacto sobre su salud. Como todos saben las necesidades alimenticias de las abejas se cubren con dos productos: la miel y el polen, que almacena en las celdillas de sus panales. Los hidratos de carbono de la dieta son aportados por la miel, las proteínas, grasas y vitaminas, fundamentalmente por el polen, las sales minerales por ambos, y el agua es recogida aparte. La ausencia de cualquiera de estos compuestos ocasiona graves problemas, y, en último extremo, la muerte de la colonia.